El pasado 9 de Octubre, y en Barcelona, tuve oportunidad de asistir al evento organizado por RRHH Digital sobre “Recursos Humanos y talento en el ámbito empresarial”.

En su tramo final se desarrolló un debate en el que se puso de manifiesto que la persona en su singularidad se presenta como poseedora de unos talentos específicos que debieran ser merecedores de explotación adecuada.

No obstante, aprecié que el tema, reducido a los solos efectos de la inteligencia o de la habilidad Kinestésica (Messi y Cristiano estuvieron presentes), no dio la medida exacta de lo que en verdad debiera considerarse como tal.

El talento no se concreta con el único apoyo del saber. “Correr es de cobardes” citaba Carles Rexach, jugador del Barça allá por los años 70, para significar su valía técnica y, de forma subliminal, justificarse en su ausencia de entrega y esfuerzo. Ese no es el camino. Sumar, sumar y sumar; esa sí parece la consigna adecuada. Al saber hacer (expertise)  deberíamos añadir emoción (inteligencia emocional) y entrega          (compromiso), para que  junto al criterio rector que, como referencia marca la ética del comportamiento humano, hiciera posible que nos  concretáramos con la grandeza necesaria. Maquiavelo y sus consignas –en este caso- se presentan como altamente negativos.

Cuando se habla de que un potencial trabajador debiera ser capaz de desempeñar su cometido en cualquier lugar, con cualquier persona y en cualquier momento (paradigma tecnológico), ¿no estamos tratando al individuo como si de una commodity se tratara? ¿No estamos obviando lo esencial, la persona, al considerar que el asunto queda resuelto entrelazando los sistemas adecuadamente?

Cuando se  dice que hay que integrar al talento, ¿a qué talento se  hace referencia?

Resulta evidente que si del talento musical se tratara, la orquesta sinfónica o el grupo musical serían la respuesta, sus mayores cotas de excelencia son ajenas en su interpretación a las TIC,s.

En cambio, si nos refiriéramos al talento corporal, la respuesta se concretaría en   la danza, el deporte, incluso en las artes plásticas. El equipo o la compañía son las manifestaciones más sobresalientes de interrelación humana también ajenas a las TIC,s.

Tampoco parece que sean los talentos de índole emocional los que tengan que ser objeto de integración tecnológica; la empatía, el liderazgo,  las habilidades sociales, etc., necesitan del contacto humano  y por tanto resultan extraños a las TIC,s

Nos quedan pues los talentos de naturaleza cognitiva, tales como el matemático, espacial, asociativo y gramatical que se concretan en forma de algoritmos e información compartida objetivable pendiente de explotación posterior, ¿no será este el tipo de talento a  compartir?

¿Se puede tratar de idéntica manera a todo tipo de  talentos? Pues sencillamente no, fundamentalmente debido a que el ser humano no se enfrenta siempre con la misma clase de dilemas, la naturaleza humana encara dos formas genéricas de problemas: los predecibles bajo fórmula o receta cuantificable -más ciencia que arte- y los sometidos a la interpretación del criterio –más arte que ciencia-.

En los primeros  el hombre se enfrenta a sí mismo, esto es, en contra de sus habilidades y conocimientos, puesto que el oponente, el problema, carece de voluntad propia.

En cambio, la jefatura, el liderazgo, la negociación, el trabajo en equipo etc., forman parte de los segundos; en ellos la persona se enfrenta a otro ser humano en toda su complejidad.

En consecuencia el talento compartido vía TIC,s debe hacer referencia exclusiva a aquel tipo de habilidades que acompañadas de conocimiento suficiente no ofrecen duda en cuanto a su interpretación.

Por el contrario, tal posibilidad no existe en  aquellas disyuntivas de la persona que se encuentra  más cercana al arte que a la ciencia; desde otra perspectiva, la emoción no puede ser tratada al mismo nivel que al intelecto.

La dirección de personas,  de equipos, negociación, liderazgo, etc., resultan ajenas al conocimiento compartido por vía tecnológica. Porque cuando se habla de entrelazar  talento, sin más calificativo, a través de las TIC,s, se nos está ofreciendo una visión engañosa de la realidad, puesto que no toda ella admite tal tipo de enfoque.  En este caso se está obviando lo fundamental, lo esencial, esto es la persona.

La era del conocimiento cognitivo compartido hace tiempo que viene anunciando  la de la sabiduría. En ella se aúnan carácter y competencia en forma de criterio como elemento de síntesis de la sabiduría. El valor superior no es compartir conocimiento sino darle sentido y para ello se necesita el calor que brinda la dimensión ética del individuo.

Publicado el 21/10/2014 en RRHH Digital

Recursos Humanos y Talento empresarial: Conocimiento compartido vía TIC,s