Una trayectoria directiva sostenida por el éxito puede alimentar una ceguera emocional directamente relacionada  con su período de duración. ¡Cuántas veces un error reconocido es la mejor de las medicinas! Tomar conciencia de nuestras deficiencias directivas -puntos ciegos- es una de las primeras, y más necesarias, prioridades con relación a afinar nuestro estilo de dirección.

Muchas veces el éxito no hace sino reafirmar en el individuo la idea de que su estrategia personal es la mejor y más adecuada.

Resumen: El artículo trata de la necesaria toma de conciencia, tanto en el directivo como en los órganos de gobierno cualquier institución, en atención a determinados comportamientos que son avalados por una actitud manifiestamente mejorable, y de la que el individuo es inconsciente. Se trata de los denominados puntos ciegos. Una situación a la que hay que poner remedio con prontitud, ya que la conjunción de dichos puntos ciegos con una posición de poder relevante, puede transformar a cualquier organización en una “corte real”  con un claro peligro de extinción.

Publicado el 1/7/2013 en la revista Capital Humano

PuntosCiegos

Carmen meditaba sentada. El último desencuentro con su marido la había dejado perpleja. Ella, que presumía de empática y comunicativa, siempre dispuesta al consejo y a la ayuda -era Directora General de una firma de consultoría- había sido  acusada por su marido de falta de atención cuando, atenta a la pantalla de su  ordenador, había contestado con un si rutinario y huidizo  una pregunta de su pareja.

¡SI…  si, empática¡ Como en tu empresa hagas el mismo caso a tus colaboradores que a mí, tu ascendiente sobre ellos estará a los pies de los caballos, le había espetado.

Una duda poco tranquilizadora asomaba por la ventana de su reflexión. ¿Tendrá razón mi marido en su queja? Mientras la pregunta le golpeaba con fuerza  una y otra vez, repasaba y repasaba multitud de escenas diarias con sus colaboradores más inmediatos. Carmen meditaba.

Con frecuencia las personas que se encuentran en el vértice de cualquier organización  han tenido que emplearse a fondo en su día a día. Tanto la necesidad de logro, como la posibilidad de saberse partícipe obligado en los resultados de la empresa o simplemente el afán de poder, constituyen el motor motivacional necesario para que, en unión a capacidades intelectuales y emocionales elevadas, en la mayoría de los casos puedan ocupar posiciones tan relevantes.

Muchas veces tal circunstancia no hace sino reafirmar en el individuo la idea de que su estrategia personal es la idónea. De forma insospechada se concatena un razonamiento lógico que concluye que el éxito en la consecución de su posición se encuentra avalado por una forma de hacer ganadora. ¿Cómo no va a ser así cuando muchos desearían desempeñar su mismo cometido y no lo han conseguido? Mi enfoque es el adecuado -pensará-.

Pero incontables son las malas praxis y actitudes que, como en el caso del conductor que despistado circula ajeno al reguero de descalabros que deja  a sus espaldas, el “éxito” laboral -¿sólo laboral?- ha arrinconado en la vía muerta de sus recorridos de mejora. Son los denominados puntos ciegos.

Entendemos por punto ciego aquel tipo de comportamiento que es avalado por una actitud, manifiestamente mejorable, de la que el individuo no es consciente.

 

CLASES DE CEGUERAS INTELECTO-EMOCIONALES

En una primera aproximación podríamos distinguir dos tipos de cegueras. La ocasionada por el desconocimiento intelectual y la que se encuentra  apalancada  por la actitud inconsciente mencionada con anterioridad.

La ceguera intelectual, habitualmente queda calificada como de  ignorancia. Ignorancia que según un conocido proverbio árabe puede admitir diversas consideraciones:

El que no sabe, y no sabe que no sabe, es un necio:!evítalo!

El que no sabe, y sabe que no sabe, es un ignorante: ¡instrúyelo!

El que sabe, y no sabe que sabe, está durmiendo: ¡despiértalo!

El que sabe, y sabe que sabe, es el verdadero sabio: ¡síguelo!

CLASES DE PUNTOS CIEGOS

Pero centrémonos en la ceguera emocional, la que viene propiciada por la presencia de los puntos citados. Tal como hemos señalado, su existencia gira en torno a la actitud que adopta el individuo cuando, amparado por el éxito (siempre subjetivo), se manifiesta como inmune a cualquier tipo de defecto y pierde toda noción de realidad. Todo su entorno aprecia lo que él es incapaz de adivinar (ventana de Johari).

Así, según Robert E. Kaplan[1], citado por Daniel Goleman en su obra “La práctica de la Inteligencia Emocional”,  varios son los puntos ciegos que propician tal desapego con la realidad.

Un primer grupo estaría formado por la ambición ciega y la sed de poder, que junto a la intromisión y al anhelo de lujo, se manifiestan como representantes de una forma de hacer que se caracteriza por unos marcados  tintes maquiavélicos.

En fin justifica los medios. Aquello que resulte extraño a sus objetivos personales deviene en accesorio, consecuencia natural de que todo en su vida gira en torno a él y a sus intereses. Los demás no son más que herramientas que la organización pone a su disposición.

En asociación distinta tendríamos las cegueras de tipo narcisista. La necesidad insaciable de reconocimiento, así como la de parecer siempre perfecto, se concretan en  la búsqueda constante de la alabanza y de la admiración.

Toda crítica, por muy honesta y saludable que sea, se interpreta como un ataque, como un desprecio que  empuja al individuo a culpar a los demás de sus propios errores. Le produce un vértigo terrible asumir como propia cualquier equivocación, de ahí que siempre tenga que ser otro el culpable.

Por último, encontramos la extravagancia en establecer objetivos poco realistas, junto al esfuerzo desmedido, insaciable, como consecuencia de un vacío emocional –crisis noogénica- de imposible solución si se persiste en la misma estrategia.

Todavía recuerdo, no sin perplejidad, a un individuo que tardó dos días en acudir a la clínica donde se encontraba su mujer e hijo recién nacido, (empresa y clínica se encontraban en la misma ciudad) tenía mucho trabajo.

¿EL POR QUÉ DE LOS PUNTOS CIEGOS?

 

¿Pero qué propicia tal ceguera? En palabras de Daniel Goleman “las personas que ocupan una posición privilegiada suelen considerar la necesidad de cambio como un signo de debilidad o de fracaso”.

 A lo anterior le podemos añadir el hecho de que –Goleman también- “todos compartimos esa tendencia a la negación, una estrategia emocionalmente cómoda que nos protege del hecho de reconocer nuestras verdades más crueles, una actitud defensiva, en suma, que puede adoptar múltiples formas: minimizar los hechos, soslayar información crucial, racionalizar y buscar “buenas excusas”, recursos, todos ellos, que cumplen con la función de distorsionar nuestra realidad emocional”.

Estrategia emocional que se ve reforzada por el comportamiento de las personas que nos rodean y que no saben o que no quieren –se atreven- encontrar la forma de decirnos lo que realmente piensan.

Los resultados, cuando las personas que están al frente de una organización –y sus puntos ciegos- se encuentran arropadas por jerarquías fuertemente marcadas, pueden ser dramáticos.

La institución, toda ella, se puede convertir en un gran baile de salón. De peligrosa, para su eficacia y supervivencia, se puede calificar toda estrategia, compartida ampliamente por una mayoría, que consista en el seguidismo y el halago continuo al jefe.

En esta ceremonia de la hipocresía y confusión, se puede gestar un caldo de cultivo según el cual cualquier opinión que pudiera interpretarse como contraria a los intereses del mismo debe ser atacada sin piedad por un colectivo ávido de reconocimiento por el jefe.

¿Dónde queda la verdad y la sana crítica? Sin su presencia se pierde toda posibilidad de mejoría.

PUNTOS CIEGOS, SU CORRECCIÓN

 Cualquier atisbo de progreso pasa por tomar conciencia del problema, por lo que toda estrategia que no vaya acompañada de un deseo sincero de cambio, resultará infructuosa.

A partir del mismo, y en  trabajo individualizado por parte de un jefe en funciones de coach o coach externo, el problema podrá encontrar solución.

Pero el principal enemigo en la corrección de los puntos ciegos se encuentra en la condición humana. La soberbia, falta de humildad, el afán desmedido de poder, la apariencia, en una sociedad que solamente reconoce los éxitos de naturaleza material; el egoísmo, la ausencia de principios y valores, la falta de respeto por la persona, etc. son, entre otros muchos, los enemigos a vencer. Fuerte, muy fuerte debe ser la voluntad de cambio en aquel individuo que lo desea.

Así mismo, en las posiciones de gobierno de todo tipo de institución, se debe  velar por el auge de cualquier manifestación de esta naturaleza. La más mínima debilidad en la corrección de tales  desatinos puede acarrear serios problemas para la supervivencia de la misma.

En definitiva, que la sociedad, nuestra sociedad, a pesar de todo tipo de  avances y mejoras, tanto de orden científico como técnico, siempre acaba encarándose de forma contumaz con los mismos  problemas, no disponiendo de  más estrategias que las que nunca nos debieron abandonar. Esto es, asertividad y preparación apasionada en un lecho de talento, principios, y valores.

[1] Estudioso del comportamiento directivo que, avalado por el éxito, permanece instalado en el autoengaño.